"LAS MAQUINAS DE SERVICIO"


LAS MÁQUINAS DE SERVICIO



"Los oficiales de su secretaría"  -dice Saldías que conoció a varios empleados de Rosas-  " llegaron a ser verdaderas máquinas de servicio".
Esta cita la hace José Luis Busaniche en su biografía sobre el Restaurador y lo hace con una descripción de un día cualquiera en la vida administrativa del caudillo, escribientes, secretarios, etc. Las distintas obras acerca de la vida política o privada del  <<Señor de las Pampas >> siempre pusieron de manifiesto una cualidad (en algunos casos y autores) de tipo pragmática en Rosas aun con la particularidad de los modos propios de un personalista y con un esquema psicológico digno de un análisis profundo que debe advertirse como tal, propio de un hombre formado durante el siglo XIX.
En la transcripción sobre el asunto que publica el santafesino (1892-1959) solo se percibe uno de los tantos rasgos de Rosas. Su obsesión por el trabajo bien hecho y por lo sistemático del mismo; la necesidad de estar enterado de todo y el cumplimiento de pagos con una aguda tendencia hacia el orden administrativo, meticuloso, medroso y siempre escrupuloso como -Señor- rural, patrón y caudillo que se autoflagelaba por alguna falta a la ley (que el mismo imponía) para dar el ejemplo a peonada, capataces y oficiales. 
Estando recorriendo en el último invierno congelado la antigua Guardia del Monte (hoy San Miguel del Monte) un amigo historiador -de fuste-  me impresionaba con aquello de que Rosas trabajaba hasta muy tarde y durante la madrugada, enviando chasques a todas las provincias -lo que no hace otra cosa que evidenciar- la importancia que Juan Manuel le daba al trato con los gobernadores y procurando la comunicación con el fin de las uniones provinciales, reafirmando y solventado pactos que hicieran fuerte el ideal de Nación en desarrollo. 
Lo cierto es que en muchos aspectos la Confederación rosista tuvo que comportarse como una "máquina de servicio". Rosas le tenía pavor al desorden y a la desidia provocada por una guerra civil que ponía -en jaque- a las ya débiles instituciones. Rosas -que no era constitucionalista, de todas formas creía vivamente en la fortaleza de las instituciones democráticas que debían reglar la vida de la población. Creyó más en los pactos y en el cumplimiento genuino de los mismos. Creyó en la creación y sostenimiento de hábitos sociales y como todo hombre al que el poder por las circunstancias en algún momento les haya pesado, tuvo algunas exageraciones (*) que han llevado a la crítica del panegirismo anti-rosista a tratar el tema con una manía tendenciosa que nada aporta al esclarecimiento del pasado. 
El manejo diplomático que el caudillo pampa tuvo por parte de ministros brillantes y/o del cuerpo diplomático de sus gobiernos fue también el "haber hecho escuela" en esta materia, no solo por marcar un precedente en el manejo de las relaciones exteriores, sino por manejar un estilo en momentos particulares donde la precariedad como Estado frente a potencias en todo sentido, lo ponían a don Juan Manuel en un lugar de poca influencia sobre las pretensiones extranjeras, pero supo utilizar con mucha paciencia la sabiduría criolla, aprendida en el trato rural con todo el elemento humano de la misma. Astucia, picardía, gallardía y tenacidad fueron sus banderas a la hora de negociar todo aquello que era de propiedad y beneficio de la patria, es decir; del interés general.    

Lo siguiente es la descripción que Busaniche hace de ese estilo esquematizado de Rosas, en relación a como hacer funcionar al Estado. 

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<< -"Deme, señor..."
El escribiente aludido estiraba el brazo y le presentaba uno o más números de ese diario, que decían relación con el artículo
que tenía entre manos. En otro momento examinaba un legajo de cuentas y preguntaba:
-"¿Cuántos, señor?...". El oficial requerido avanzaba un paso tomaba otro legajo, contaba rápidamente y respondía: "Tan-
to, señor...", esto es, el cuántum de las cuentas pagadas en el mismo tiempo y de la misma procedencia de las que revisaba.
Otras ocasiones se interrumpía en la redacción de una nota y preguntaba:
-"¿Y qué me dijo, señor?...".
El oficial le hacía la relación de todo cuanto le había dicho la persona a quien la nota se refería, de lo cual estaba impuesto
porque debía anotar lo que el gobernador dijese o le dijeren por asuntos del servicio, siempre en presencia de un oficial.
Así, las conferencias privadas o semioficiales con altos funcionarios, ministros extranjeros o personajes de distinción, las celebraba paseándose con ellos en su sala de recibo, yendo él en
medio, a su derecha el visitante y a su izquierda uno de los escribientes, con los brazos echados atrás y papel y lápiz para anotar el resumen de la conversación. Cuando, al llegar a los extremos de la sala, el visitante daba vuelta perdiendo el orden de formación, el gobernador le hacía dar una conversión a la izquierda siguiendo él el movimiento y terminándolo el oficial que giraba militarmente sobre sus talones. Tal era el ceremonial, recordado cuantas veces se omitía la conversión. Ya se comprende que no era posible que los oficiales padeciesen distracción u olvido en las horas de servicio...". >> (**)



Ricardo Geraci 

(**) José Luis Busaniche / Juan Manuel de Rosas
Ediciones Theoria / páginas 99 y 100. 

Imágen: Tapa J.M de Rosas / Busaniche/ Theoria 

(*) Rosas solía ordenar el encierro dentro de las casas de los ciudadanos con el fin de permitirle al ejército hacer ejercicios militares en las calles 

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