CUM-TANGO / Nuestra raíz afro en la cultura nacional

CUM-TANGO 

Nuestras raíces afros en la cultura nacional.


Consultémos a Pérez Amuchastegui en su <<mangrullo del tiempo>> en referencia a los inicios del tango. 

"Cum-tango, caram-cum-tango, Cum-tango, caram-cum- tam." Las voces acompañaban a golpes de tambor. Los
negros le llamaban tan-gó. Era parte de un candombe que fue muriendo, pero casi
agónico, junto a fragmentos de habaneras, resucitó una música fuerte y melancólica: el tango.  Recluido en un principio en
las pistas de arena de los Mataderos del Sud (de la Convalecencia o del Alto)
poco a poco se acerca al centro de la ciudad. No tiene una carta de ciudadanía propiamente dicha. Una guitarra,
un violín, una flauta y un emigrante alemán: el bandoneón, ésa es la orquesta.
Un baile endiablado, sensual, primitivo. Los comentarios son duros: tal vez teman que se acerque demasiado. A veces le permiten salir al escenario. En Julián Jiménez, una zarzuela local estrenada
este año, aparece con reminiscencias de baile español.
Pero para verlo desnudo es necesario correrse hasta las romerías de Barracas al Norte. El más solicitado: Dame la lata. El autor: un flautista desconocido: Juan Pérez. Sentada, ocho, quebrada, media luna, corrida... Cosa de
nunca acabar. Pese a su juventud ya conoce divisiones: en Uruguay tiene un ritmo más apurado y lo llaman:
milonga o milongón.
El tiempo lo va puliendo, dándole personalidad. Lo viste de compadrito, de mayoral de tranvía, de inmigrante.
Cada paso es una nueva forma de aceptación. Tal vez todavía no tenga ni
veinte años y ya hay quien quiere vestirlo de frac y llevarlo a los salones de la
alta sociedad. ¿Lo dejarán
pasar?


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Los orígenes de este baluarte del ritmo y de la danza nacional, son productos de las clases populares. Los afrodescendientes argentinos, pero sobre todos los rioplatenses, arraigados a su cultura, pero empapados de décadas de trato con el criollo, aportaron -no solo- a los inicios de la musica nacional, sino también,  al lenguaje, hábitos y costumbres. 
Ya hacia 1920 el tango era un universo cultural que abrazaba también al extranjero. Este el punto que determina nuestra identidad cultural. Somos consecuencia directa del choque de culturas y de pueblos que se fueron amalgamándo, hasta llegar a lo que hoy somos. 
Más allá de las fronteras rioplatenses, en Francia, Inglaterra, Alemania, EE.UU y Brasil, se bailaba nuestro ritmo emblemático del -dos por cuatro- en escenarios para no pocos exclusivos.
Hubo bajones y subidas en su popularidad debido a las crisis europeas desde 1914 (inicio del primer conflicto mundial), pero desde allí empieza a tomar jerarquía como baile y canción al incorporar la -palabra-, -verbos-, -expresiones-... 
Cuenta Amuchastegui en su Crónica Argentina tomo V que el primer viajero rioplatense fue J.C Herrera, cruzando el océano con destino a Paris e instalar allí la primer "Academia de tango". 
El tango durante el primer cuarto de siglo del XX, fue creciendo sin parar y con nombres y celebridades que hacían llenar los salones. 
Si bien sus inicios lo podemos enmarcar en las tradiciones (que fueron naturalmente agiornandose a los cambios sociales, culturales, económicos y políticos) populares, del bajo pueblo porteño que había quedado relegado del protagonismo social a la caída de Rosas (1852) es evidente por la lista de nombres y apellidos de las damas porteña de alcurnia, que se terminó de acoplar a todas las clases sociales (para la época en la que desarrollo el artículo, había dos clases; pobres y ricos). La lista de nombres que patrocinaban los concursos de tango es la siguiente:
María Luisa Quintana de Rodríguez Larreta; Elena de la Riestra de Láinez; María Teresa Quintana de Pearson; Esther Llavallol de Roca; Carolina Benítez de Anchorena; María Carmen Sala de Demaría;
María Luisa Martínez Chas de Leloir; María Luisa Vedoya de Martínez de Hoz; De-
lia Alvear de Ocampo; Josefina Santamaría Pacheco; María Roca de Demarche; entre algunas de una lista enorme. 


EL TANGO HECHO VOZ ...
• En 1916 los diarios porteños ya le dedicaban páginas a este fenómeno y a un dúo a esa altura famoso: Gardel-Razano, "...dos jóvenes que no pisaban los treinta años y que actuaron con éxito en el Teatro Colón de Mar del Plata..." según el diario La Razón del 24 de febrero de 1916. 
Durante la década de 1920, ya es el tango un fenómeno nacional que desparrama una infinidad de cantores y canciones que seguramente haga lagrimear por nostalgia pura a toda una generación: 

"Pascual Contursi (el autor de Mi noche triste), y de cantores y cancionistas del nivel de Gardel, Ignacio Corsini, Linda
Thelma, Azucena Maizani, etc.
En los años 20 se imponen los conjuntos orquestales (las típicas), sin desterrar por
ello a los cuartetos y quintetos. Muchos músicos de renombre integran sus or-
questas propias: Eduardo Lorenzo Arolas; Arturo Bernstein; Osvaldo Fresedo; Fran-
cisco Canaro (en 1921 inicia sus grabaciones en Disco Nacional Odeón, registrando El Huérfano, de Anselmo Aie-
ta y Francisco García Jiménez); Cátulo Castillo (1927); Juan Carlos Cobián (en 1922 dirige su propia orquesta);
Julio De Caro; Roberto Firpo; Pedro Maffia (en 1926 se presenta con su primera or-
questa en el café Colón, de avenida de Mayo y Bernardo de Irigoyen, Capital Fede-
ral); Carlos Posadas, etc.
En esta década, por último nacen entre otros- Astor Piazzolla (1920), Atilio Stam-
pone (1927) y Leopoldo Federico (1927), quienes habrán de llenar páginas destacadas en la historia de nuestra música ciudadana". (*)


Ricardo Geraci. 

Fuente consultada: (*) Pérez Amuchastegui
Crónica Argentina tomo V
v -94 y v- 322 

Imágenes: Crónica Argentina tomo V  

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