HONESTIDAD BRUTAL

<<HONESTIDAD BRUTAL>>

Domingo Faustino Sarmiento escribía desde Nueva York el 16 de diciembre de 1865 a Nicolás
Avellaneda:
"Necesito y espero de su bondad de V. me procure una colección de tratados argentinos, hechos en tiempos de Rosas, en que están los tratados federales que los unitarios han suprimido después, con aquella habilidad conque sabemos rehacer
la Historia"
(La Biblioteca, t. VI, pág. 13).

La brutal honestidad de Sarmiento cuando se refiere a temas constitucionales y el reconocimiento de tratados provinciales en tiempos de Rosas que son la llama constitutiva de nuestra Carta Magna son los que analizaremos.
Sarmiento es honesto al reconocer esto y al hacerse cargo que la historia fabricada y premeditada por Mitre y del cual dejó una escuela de interpretación e investigación que es un legado nos guste o no, supo rehacer la misma en función de la idea de país que estos hombres pergeñaron
El argentino/a tiene una idea un tanto confusa y ambigua sobre como se inició en 1853 nuestra historia constitucional. Desconocen los antecedentes y por supuesto la Carta Magna actual. Se cree que en Santa Fe unos unitarios redactaron una Constitución Federal. Cuando se avanza sobre si se sabe quien ganó de una u otra manera la guerra civil entre unitarios y federales, se asume la victoria liberal y aun así se reconoce la Constitución FEDERAL. Nadie pregunta sobre tal contradicción, casi por las dudas.
Justamente no rescato "LAS MENTIRAS DE SARMIENTO" todo lo contrario, su honestidad para con su causa, admitiendo el empleo de la mentira, el ocultamiento y el reconocimiento de la obra de Rosas. Recuerden que la destrucción de la Casona de Rosas no tuvo que ver con una decisión de Sarmiento sino de un tal Bullrich...

Rosas no fue un constitucionalista por dos razones:

• No creía en Asambleas Constitucionales cuando estas discutían lo que poner como ley en un papel, cuando desconocían al pueblo, su contexto, coyuntura, medios de vida y hábitos de orden. Para Rosas una Asamblea debía resolver sobre bases solidas y no como un fetiche de lograr una organización nacional que ignoraba la realidad y que a las pruebas de los intentos fallidos, incurría en el mismo error. Los hábitos de orden y democráticos que el Restaurador de las Leyes pretendía antes que una Constitución se lograban con un proceso de habituar al pueblo a un orden, el respeto a las instituciones y la defensa del suelo ante posibles disgregaciónes o invasiones externas. En plena guerra civil llevar adelante esa tarea era imposible sin todo el poder depositado en su persona como otros creyeron pertinente. La burocracia que implica el trato sobre hechos graves de parte de la justicia y la legislatura en el tiempo que eso requiere, hubieran eventualmente generado un clima anárquico en situaciones extraordinarias que merecían de acciones pragmáticas que no podían demandar tiempo en efectuarlas. Donde la ley no existía como tal, existía el estado de anarquía y no había papel alguno que ordenara ese estado. Por lo que primero el orden, la fortaleza de las instituciones que reglaban la vida y el concepto de nación sobre una base solida económica, productiva y social. Por ello los tratados y pactos provinciales, la ley aduanera y la de tierra pública.

• Esta causa está ligada a la primera. Rosas no era un técnico, no fue un intelectual o doctor en leyes, pero su vida arraigada al trato de los hombres en aquellos lugares desconocidos por los doctores, le valieron de una conducta y prestigio por ser un hombre de acción y de una templanza en terrenos tomados por la anarquía. Rosas supo contenerlos, ordenarlos y mandarles. Cuando fue gobernador sus acciones fueron las de un hombre práctico. Un realismo político que logró sostener todo lo que pudo, lo que había quedado del virreinato del Río de la Plata ante más de veinte años de intentos de disgregación. Los hábitos que impuso y supo dirigir, fueron los de un hombre en una "tormenta perfecta" donde solamente, los dueños de si mismo, pueden controlar el timón sin tener miedo a las consecuencias, por obrar como debe hacerse en momentos azarosos, donde cualquier hombre común perdería los estribos.

Ricardo Geraci

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