SEGUNDA PARTE/ PELÍCULA J.M DE ROSAS 1972 - Por Ricardo Geraci
SEGUNDA PARTE SOBRE LA PELÍCULA DE J.M DE ROSAS DE MANUEL ANTÍN -1972-
Síntesis argumental:
La pelicula en si es un flashback de imágenes que registran los acontecimientos que tuvieron a Rosas naturalmente como protagonista. Desde su vida familiar en los Cerrillos hasta su triunfo en la Guerra del Paraná. Es notorio para aquellos que hemos leído y seguimos leyendo a José María Rosa, como se desarrolla desde la interpretación histórica a -lo pepe- la sucesión de imágenes que encuadran en definitiva dentro del guión. El relato tiene su firma -indudablemente- en cuanto a como se interpreta en dicho film el proceso político e histórico del Restaurador.
Aparecen dentro de esos 101 minutos de duración, los colorados del Monte (escena inicial con la voz nacional y campera de Alberto Merlo interpretando con su guitarra, unas hermosas palabras alusivas al Padre de los Gauchos), se observa inmediatamente al ministro plenipotenciario inglés Henry Southern en Palermo con el tratado de paz en la mano -donde reconoce la soberanía argentina sobre sus ríos interiores-. Escena que se repite a lo largo del film y que cierra la historia. También doña Encarnación Ezcurra tiene participación activa en la pelicula desde su postura combativa acompañando lealmente al marido en todas las circunstancias. Aparece Manuelita como cortesana y "canciller" de la Federación, equilibrando con sus amables modos y diálogo permanente, las acciones de un padre fatigado por la interminable guerra civil y un denodado esfuerzo desde su administración para sostener la unidad de las provincias.
Aparecen los logistas y por supuesto Lavalle con el episodio de la muerte de Dorrego, donde se pone el ojo en un antes y un después en la vida política de Juan Manuel. Hay muchos personajes importantes como Velez Sarfield, Alberdi, Echeverria, Maza y otros tantos que también fueron testigos del tiempo de Rosas.
• CURIOSIDADES:
Un coronel llamado Luis César Perlinger, fue quien asesoró al director Manuel Antín sobre las cuestiones militares de las escenas de batalla. Fue Perlinger quien es señalado de "desalojar" a Arturo Illia de la Casa Rosada ante el golpe militar de junio de 1966. El mismo Perlinger que -según Antín- terminó involucrado con grupos guerrilleros.
El coronel aportó un comentario significativo sobre la participación del pueblo en las escenas que hacen referencia al Combate de la Vuelta de Obligado:
"La película mostrará algo inédito, como la participación popular en la Vuelta de Obligado: los vecinos armados de Baradero, San
Antonio de Areco y San Pedro. No se puede dejar de subrayar la
participación popular que asume el criollo. La Vuelta de Obligado
es la determinación de un pueblo a no dejarse arrollar, un pueblo
que no se bate por la Casa de los Braganza como en Curupaytí,
sino en defensa de su identidad"
Ponchi Morpurgo quien oficiara de escenógrafa relata el hallazgo de la casa de la ciudad de Chascomús y los distintos escenarios y secuencias en locaciones que van desde Santa Fe, Lezama, San Pedro, Luján, Ituzaingó y los estudios Baires. El combate naval se reprodujo con barcos-maqueta de ochenta centímetros y cada uno accionado eléctricamente y disparaban cañonazos. Con respecto a la casa en Chascomús Morpurgo relata así el hallazgo:
"Fuimos con Antín a Chascomús en busca de un campo en el que
se pudiera filmar alguna escena, pero cuando llegamos a la ciudad,
frente a la Plaza encontramos una casa que respondía admirablemente, en líneas generales, a la que Rosas tenía en la calle Moreno. Su propietaria, increíble casualidad, es una López de Osornio, descendiente de doña Encarnación, la esposa de Rosas. Cuando le dijimos nuestro propósito nos abrió de par en par sus diez ambientes y los puso a nuestra disposición"
• LA DISCONFORMIDAD DE PEPE
La película no tuvo el éxito comercial que evidentemente los autores y productores creían que podía tener.
De los resultados de la misma opina José María Rosa:
""Metí en ella mi patrimonio, que no era mucho -comentó-, y el que prestaron algunas personas de mi familia porque la creí un
negocio seguro... Nunca vi un centavo, tuve que vender muchas
cosas para devolver lo prestado, y hasta me quedó un documen-
to por varios millones de entonces que firmé juntamente con el
director Manuel Antín, porque la película estaba casi terminada
es y Antín necesitaba unos pesos. (...) Como negocio fue muy malo,
pero dicen que eso pasa a todos los que se meten con el cine y no
son 'del ambiente'. Que aquello es una piscina de caimanes para
natragar ingenuos. Caí como un chorlito por mi veneración a Rosas,
el deseo de difundir su personalidad, y porque creí que el guión preparado por mí era bueno. Y, también, porque creí que la popularidad de Rosas haría que recuperara con ganancias el dinero prestado a Antín"
sigue....
"Nunca he sufrido tanto como durante la filmación. Me enfermé gravemente del hígado, una de las pocas veces que estuve enfermo. El guión lo arregló Antín para 'darle carácter cinematográfico', dijo. Vaya y pase: él era cineasta y yo solamente historiador. No agregó ningún parlamento, pero suprimió secuencias y agregó unos bodrios que me parecieron de dudoso gusto;
como el velatorio de Encarnación con cadáver presente, y el fusilamiento de Dorrego que giraba antes de decidirse a caer al
suelo. Pero Antín entendía su profesión y yo no. La elección de
los actores me desconcertó aunque hubo algunos muy buenos,
como Renán en el papel de Lavalle, José María Gutiérrez en el de Facundo, o el que hacía de Vélez Sarsfield, y los dos enanos
que hicieron de bufones de Rosas. Las mujeres no estaban mal,
pero 'doña Encarnación y Manuelita' no eran actrices sino esposas de productores, y, aunque se compenetraron muy bien de
sus personajes, debieron a mi juicio ser mejor dirigidas. Lo más grave es que había elegido para el papel principal, el de Rosas, a un galán joven que no sabía andar a caballo. Cuando lo supe, ya estaba contratado, y muy bien pagado. Según Antín, atraería público. Pero su rostro y expresión de galán joven nada tenía que ver con Rosas".-
• CRÍTICAS:
Del diario Clarín y con las iniciales C.M del 17 de marzo de 1972 comenta:
"Cuando la controversia sobre el dos veces gobernador de Buenos Aires mantiene aún intacto su ardor, (...) el guión de José María Rosa y Manuel Antín provee una profusa aunque parcial ilustración de los episodios culminantes del proceso rosista en cuyo balance ensalza el rígido espíritu nacionalista que evitó para nuestro país una dependencia de Francia e Inglaterra y observa sus
crueles resoluciones instrumentadas por la Mazorca como una réplica de las actitudes de Lavalle, tras el encuentro de la estancia El Pino, de engañoso potencial conciliatorio. (...) Juan Manuel de Rosas es, desde su concepción en el nivel del libro cinematográfico, una pieza esquemática, con tendencias al acartonamiento en la reconstrucción anecdótica y a un excesivo simplismo en la composición psicológica".
Silvia Matharan de Potenze publicó en la revista Criterio N° 1640, el 23 de marzo de 1972, lo siguiente:
"El documento utilizado como frontispicio de esta evocación cinematográfica del gobernante más largamente discutido de nuestra historia, señala de modo transparente la orientación crítica de
la empresa. Aquel párrafo de una carta del general San Martín en
im el que elogia la actuación de Rosas en la defensa de la soberanía
nacional, es uno de los documentos triunfalmente esgrimidos por la corriente revisionista, para disgusto y confusión de muchos, y en este caso es también un astuto recurso para dejar tambaleando desde el vamos las precarias opiniones de la parte más desprevenida del público. A partir de allí los hechos se desarrollan en la dirección prevista: la de una apología del Restaurador, históricamente apoyada en el libreto de un estudioso tan poco convencio-
nal como José María Rosa y cinematográficamente elaborada por Manuel Antín" (...).
"Queda claro desde el ya aludido frontispicio, que la intención
explícita de la película es reivindicar la figura de Rosas como gobernante que encaró con responsabilidad una difícil situación interna, pero, sobre todo, como jefe de una nación que afrontó con dignidad y valor una agresión externa de auténtica peligrosidad e injusticia. La primacía de este último objetivo se revela en la estructura del film, encuadrado en el momento en que una de las naciones agresoras (la más altanera) acepta las condiciones del agredido, y en el hecho que en ese instante culminante de su política exterior, se detenga la historia del que dos años después sería expulsado del poder por sus enemigos internos y externos. En 100 circunstancias en que nuestro país está empeñado en una campaña de prestigio a nivel de relaciones exteriores, este Rosas podría mirarse como modelo oportuno de firmeza de carácter y astucia diplomática"......
......
"Resumiendo, el filme no engaña a nadie en cuanto a sus convicciones revisionistas (una escuela que tiene su representante en la Academia Argentina de la Historia), encara con suficiente respeto a todas las figuras históricas que trae a cuenta (resistiendo incluso a la tentación de complicar a las que más duelen), y resulta aceptablemente entretenido dentro de un esquema decorosamente comercial".
• DON ARTURO JAURETCHE Y FÉLIX LUNA.
La revista Gente convocó en marzo de 1972 una exhibición privada de la película para diversas personalidades de la cultura.
Don Arturo y Luna daban su opinión al respecto luego de presenciar el film.
Jauretche: "Me gustó la película y mucho. Es buen cine. Entretenido y bien hecho. Y algo más importante: revisionista. No hay que llamarse a
error, esta película no va a hacer revisionistas, se hizo porque hay
revisionistas. Es una película jugada, pero no del lado de siempre.
(...) La película se propone centrar el tema en la experiencia de orden que significa Rosas. Un estanciero que organiza su estancia con el mismo criterio de patrón de campo que luego va a usar para organizar el país. Era, por otra parte, el único criterio posible".
Luna se pone polémico, pero vale la pena publicarlo, para marcar diferencias:
"Antes que nada, mi enérgica protesta por el espantoso cantito
que se le adjudica a Quiroga. Nadie sabe, claro está, cuál era el
tono o la inflexión del caudillo riojano, pero seguro que no ha-
blaba con un tonito cruza de Sevilla con Acapulco. Yo soy riojano y puedo dar fe que ése no es el canto de mis pagos. De estas pequeñas objeciones tengo varias. Creo que la película tiene una gran intención, así como creo que esa intención no está lograda.
Parece inevitable que el cine histórico argentino sea acartonado.
Yo no sé por qué queremos ver siempre guerreros de uniformes
impecables, que no se ríen ni por error, que jamás se equivocan. Y
que, como única concesión a la estatuaria figura de prócer criollo,
toman hectolitros de mate. Reconozco que son formalismos, pero formalismos que hacen a la película. Hay personajes tan inútil-
mente caricaturescos que comprometen la seriedad de la película. Por ejemplo, los unitarios de Montevideo, que huelen a azufre, son la encarnación del diablo, no unos modestos unitarios. Resultan
infantiles" (...).
"El pensamiento de Rosas -añade Luna- está inteligentemente articulado. Y esto es lo mejor que se puede decir de la película,
pero el argumentista atribuye a Rosas juicios, frases que, si bien
no traicionan sus opiniones, no se ajustan estrictamente a la his-
toria. Bebán a veces habla como un marxista, a veces como un nacionalista de derecha, a veces como un cura del tercer mundo.
No sé, a lo mejor es consecuencia de la abundancia y riqueza del
material con que se trabajó. Pero todo eso se alivia por la gracia
de Leonor Barreto y el señorío de Renán. La película forma parte
de un intento argentino para comenzar a repensar la historia. Un
intento que todavía no se ha logrado con otras películas. Resumiendo, creo que es una película militante".
Conclusión: Debido al material tan rico y bien documentado de Neifert es que en la tercera parte, publicaré sobre la figura de Muñiz Barreto y parte de una nota a Antín, muy interesante.
Concluiré con una síntesis de las tres partes y reflexión final.
Ricardo Geraci
Fuente consultada: Agustín Neifert
Rosas y su época en el cine argentino
Ediciones Fabro.
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