ENEMIGOS ÍNTIMOS

MANUEL DORREGO - JUAN MANUEL DE ROSAS 

(enemigos íntimos) 

La definición en paréntesis suena arriesgada pero quizás justamente defina conceptualmente una relación de una convivencia dentro del federalismo un tanto compleja. 
Según Norberto Galasso, el coronel Manuel Dorrego tuvo una base social de apoyo político, de gauchos, orilleros y mulatos. Algunos estancieros de la campaña lo apoyaban y como acérrimos enemigos, los hombres de frac y levita. 
Rosas -según Galasso- se apoyó en los estancieros como base pilar de un sostén que a su vez eran apoyados por gauchos, indios y mulatos. 
En mi consideración hay dos hombres con distintas visiones del poder. Rosas no basaba su accionar en la metodología propia del político o doctorado en leyes. Rosas necesitaba de un orden básico para sostener sus establecimientos ganaderos. Había visto pasar los años soportando con sus propios recursos, los malones de indios que daban cuenta de la vacía presencia del Estado porteño en tierras que estaba obligado a administrar. Rosas vio como la falta de planes para con el avance de la acción civilizatoria se dirimia en discusiones de tipo partidistas o por la necedad de algunos doctores de hacer de Buenos Aires una ciudad de avanzada en tan solo cinco o seis manzanas y un puerto único que funcione con el fin de sostener ciertos privilegios. Cuando la anarquía que supuso los enfrentamientos entre jefes militares, azolaban el penoso estado de la campaña, fue llamado a poner orden a la sazón de ser bien considerado en esos vastos dominios, por su prestigio como administrador, tan severo como justo.

Dorrego que era un apasionado de las ideas, que involucraron en el protagonismo político a todos los elementos del pueblo e invocaba una sociedad justa y de avanzada, no fue un doctrinario de escritorio; en la batalla era un guerrero de un valor como pocos supieron tener. El "loco" no dudaba en tomar -por poco ortodoxas que fueren- decisiones  arriesgadas que le dieron una fama brillante entre la soldadesca. Su destierro y permanencia (primero en Cuba) en Estados Unidos lo hizo testigo de la construcción del país del Norte,  bajo el sistema federal de gobierno. Ese sistema, quiso introducir al ver que en la conformación e idiosincrasia de las Provincias Unidas, tal sistema podía replicarse con éxito. 

La diferencia que significó la Revolución de los Restauradores en el partido federal, fue justamente la que se manifestó entre el "padre de los humildes" y el Restaurador de las Leyes. Los cismáticos o lomos negros sea cual fuere el caso en la procedencia de ambas palabras, tenian una fuerte relación con Dorrego y no lo digo por el gabinete que tuvo en su segundo gobierno, ya que Rosas manejó casi los mismos nombres: Manuel Moreno, José María Roxas y Patrón y Balcarce, sino por esa acusación de fondo que hizo el rosismo o Apostólicos de esos hombres federales;  coquetear con los doctores del puerto en aquel razonamiento que evocaba negociar con los intereses portuarios una salida política que en definitiva, no incluía la participación de los ganaderos como base productiva y fuera de la discusión económica. Es el puerto y la burguesia comercial versus el estanciero sindicalizado por Rosas. El estanciero Rosas en definitiva les daba la consideración de bruto a los doctores. Un hombre ávido para la faena pero que de política sabia poco. Rosas a su vez renegaba de los "doctorcitos" que se pasaban horas haciendo monólogos sobre literatura francesa, sobre modos y usos extranjeros,  tan divulgado por la "clase decente" sin ningún atisbo de voluntad en formar un proyecto nacional, evocando permanentemente la necesidad de  uno colonial. Rosas fue un realista político. Dorrego creyó y bien hizo que sus ideas de justicia, soberanía y progreso harían temblar a los intereses portuarios, pero prefirió creer o dejarse llevar por los hombres de las intrigas y las maquinaciones; aquellos que en definitiva lo asesinarían. Dorrego tenía todo arreglado para un nuevo exilio y jamás pensó que los odios logistas lo sepultarian como el primer gobernador derrocado y fusilado de nuestra historia. Rosas lo advirtió y aun con diferencias, a la muerte de Dorrego, lo exaltó como martir, reconociendo en un funeral multitudinario y majestuoso, la figura política y social de Manuel Dorrego. 
Heredó del padre del federalismo porteño toda la magnificencia para  con el bajo pueblo de la ciudad y supo manejar esa herencia con las salvedades del caso. Rosas contuvo a estancieros y peones de la campaña con un sistema de tipo paternalista y tuvo que dejar muchos recursos en el camino, debido a la necesidad de ganarse su confianza. Puso su patrimonio e integridad en todo tipo de mediación que trajera el orden que tan obsesivo lo tenia. Contuvo de igual forma a los orilleros, mulatos y doctores de la ciudad. Su primer gobierno lo hizo prácticamente de a caballo, alternando el trabajo de escritorio con la acción personalista de seguir el curso de los acontecimientos de la campaña como privilegiado testigo.
En esos fecundos años donde se extendía la línea de frontera con la indiada y se eliminaban los grupos aborígenes maloneros y contrabandistas, es que se tejió la herencia política de Dorrego en la carne de Balcarce. Allí se empezó a dividir el partido y también en ese proceso, la compañera leal y socia política, Encarnación Ezcurra organizaba con los elementos de los patricios leales a su esposo y los gauchos y mulatos de siempre, una sociedad panegirista de la idea de Rosas sobre la Federación. Dividían al  Partido entre "buenos federales" y "dudosos federales". La antinomia (si existió) era substancialmente dos modelos de influencia sobre la sociedad y la  política interna y externa. Rosas chocó frente a quienes buscando la unión con ideas estériles para tiempos tumultuosos, perdían el tiempo creyendo que la única salida era constitucional. Dorrego vivió en carne propia la negativa -entre otros actores que le conspiraron- del Banco Nacional rivadaviano que tenia una lógica especulativa y tuvo que resignarse sin recursos a entregar la región oriental, luego de una victoria indiscutible en el campo de batalla contra el Brasil. Sus medidas de gobierno tuvieron reacciones de la oligarquía portuaria que le movieron el piso, sin que Dorrego pudiera hacer demasiado al respecto. Rosas contó con reacciones muy similares, pero no dio lugar ni retrocedió un tranco de pollo, cuando el piso parecía moverse. Esa mano de hierro fue su única herramienta, la que tuvo y utilizó para no sucumbir en las voluntades de quienes pretendieron la injerencia extranjera por sobre un proyecto nacional. 

Ricardo Geraci.

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