¿MANIPULACIÓN GUBERNAMENTAL? ¿TIRANÍA? ¿ATRASO?

¿MANIPULACIÓN GUBERNAMENTAL? ¿TIRANÍA? ¿ATRASO? 

Breves reflexiones sobre la Medicina en los gobiernos de Rosas, basado en los datos publicados por Fermín Chávez (*) 

Cuando se desarrollan al estilo -de los cuentos-  los gobiernos del Restaurador se aplican las mismas formulas que no tienden a dejar de repetirse. La manipulación gubernamental sobre todas las áreas,  la falta de libertad para el disenso y la obligatoriedad en la lealtad al régimen, so pena de morir degollado, son algunas de las más señaladas. 
Si me he dedicado a publicar sobre los aspectos que considero interesantes de los gobiernos de Rosas, se debe a dos cosas: la primera refiere a tiempos ocultados premeditadamente y constitutivos para explicar las causas y consecuencias de una parte importante de nuestro pasado. La segunda en función de la tergiversación y el ocultamiento, trabajar sobre aquello que merece seguir siendo divulgado, como los hombres del Revisionismo Histórico nos han legado y nosotros debemos en nuestro contexto, tratar de superar en relación a nuestro sentir actual. 

¿TIRANÍA? 
Saquen sus propias conclusiones acerca de los datos que publicó Chávez en su obra sobre la cultura en tiempos del caudillo pampa y luego haremos la reflexión: 

"Con respecto a los médicos y catedráticos que emigraron
durante la época de Rosas, su número fue muy reducido. Por razones políticas debieron alejarse da la Facultad de Medicina los doctores Francisco Cosme Argerich, Juan Antonio Fernández y Juan José Montes de Oca. De los tres nombrados, sólo Montes de Oca podía ser considerado una eminencia. Cuando se fue, lo sustituyeron sucesivamente, hasta la caída de Rosas, los doctores Saturnino Pineda, Irenea Portela y Claudio M. Cuenca.
No obstante las diferencias políticas del régimen rosista con el doctor Montes de Oca, el 16 de enero de 1840, La Gaceta Mercantil, vocero de la Federación, publicó un comunicado del ex catedrático, por considerarlo "sumamente interesante a la Humanidad y a los encargados de la vacuna". Y diez años después, cuando el emigrado estuvo de regreso al país, el mis-
mo periódico rosista, con fecha 13 de noviembre de 1850, reprodujo íntegramente su memoria sobre la primera epidemia de fiebre amarilla de Río de Janeiro. Lo que tenía su importancia, ciertamente, desde el punto de vista de salud pública.
El caso del doctor José María Gómez de Fonseca, médico y poeta, que había tratado en Francia a Dupuytren y a Broussais, merece ser destacado. Era miembro del Tribunal de Medicina desde 1833 y Rosas lo destituye en 1835, por no considerarlo hombre de confianza de su gobierno (Fonseca se había
opuesto a las facultades extraordinarias). No obstante la ce-
santía, el Restaurador reconsideró el caso y lo designó en 1836 profesor de Clínica Quirúrgica, cátedra que desempeñó hasta su muerte, ocurrida el 31 de noviembre de 1843.
Andrés Ivern ha investigado otro de los temas que, en la historia de nuestra medicina, ha servido para echar tierra sobre el gobierno de Rosas: el funcionamiento de los hospitales públicos. Aquel autor ha mostrado, hasta en la minucia, la for-
ma en que se mantuvieron abiertos el Hospital de Mujeres y el Hospital de Hombres, mediante el aporte generoso de la población. Las donaciones eran recaudadas por los jueces de paz, comisarios y curas párrocos de cada distrito, y centrali-
zados por las comisiones administrativas de los dos hospitales. La comisión administradora del Hospital de Mujeres estuvo compuesta, entre otros, por Juan Carlos Rosado, Remigio González Moreno, Antonio Pairó, Cristóbal Martín de Mon-
túfar, José Fuentes Arguivel y Francisco Beláustegui. La del
Hospital de Hombres, por el doctor Justo García Valdez, Jaime Lepper, Juan Vivot, Pedro Plomer, Francisco de P. Almeyra, Francisco Mier, Juan José Fontana, Marcelino González, Manuel Murrieta, Félix Constanzó y Francisco del Sar. García Valdez, médico distinguido, presidió en 1842 y 1845 el Tribunal de Medicina.
Entre los donantes permanentes figuran nombres llamativos: Agustina López Osornio de Rosas, Manuelita Rosas, Pedro de Angelis, Tomás Armstrong, los mazorqueros Ciriaco Cuitiño y Leandro Alem, Juan Décima -un capataz de estan-
cia de Rosas-, el coronel Prudencio Rosas y el Cuartel de Santos Lugares.
Los años 1847 y 1848 fueron de verdaderos sucesos para la historia de la medicina argentina. El primero de ellos tuvo lugar a fines de agosto o principios de setiembre de 1847,
cuando el médico y dentista norteamericano Julio J. Tuksbury
o Tewksbury aplicó por primera vez éter como anestésico general, en la intervención de un paciente afectado de estrabismus convergens, según noticias que dio el British Packet del 4 de setiembre de dicho año. Al año siguiente, en 1848, el cirujano inglés John W. Mackenna volvió a aplicar dicha anestesia, el 18 de junio, en una operación que realizó en el Hos-
pital Británico, sito por entonces en la calle Uruguay, entre Viamonte y Córdoba"


__ Dos reflexiones básicas; ¿tan cerrado, despótico y atrasante fue Rosas? Entre ese periodo de tiempos mezclados que van de 1840 hasta 1848, la Confederación Argentina sufrió bloqueos al puerto, la Guerra del Paraná (frente a las dos potencias de la época; Francia e Inglaterra), la guerra civil, la situación de tensión regional con el Imperio del Brasil y la necesidad de sitiar Montevideo por la permanente amenaza a las instituciones que legitimizaban a Rosas como primer mandatario de la provincia. El estado de la hacienda pública seguía siendo delicado y aun así no se desentendió de aquellas cuestiones que desde lo interno le reglaban la vida al pueblo. 
Este artículo refiere más a reflexionar sobre el progreso tan discutido en Rosas, debido a su mano firme para gobernar en un territorio inestable. Cuando me muestran ejemplos diversos del autoritarismo del Restaurador NUNCA se allanan al contexto ni a la coyuntura. Es como si un ente gobernara sobre un territorio y sobre el derecho jurídico de las personas por voluntad del que administra, sobre un territorio puro, pacifico y desarrollado. Olvidan u omiten las problemáticas generales con las que tuvo que lidiar. Critican la falta de consenso en tiempos donde si se daba el mínimo accionar en relación a permitir que todas las voces se expresen, tenias de un momento al otro un ejército apuntando con cañones -con ayuda de tropas extranjeras- y poniendo en riesgo de muerte las instituciones que el pueblo erigió como garantías del orden. El pueblo y sus instituciones fueron la columna vertebral del proceso político que permitió a los vencedores de Caseros "organizar" DIEZ AÑOS DESPUÉS, al país dentro de un marco jurídico estable. 

La salud, la educación y las artes no fueron "deficits" como se intenta divulgar sobre los aspectos sociales en tiempos del Restaurador. Estos pequeños fragmentos nos permiten reflexionar sobre hechos puntuales, pero es necesario siempre, parar la pelota, levantar la cabeza y mirar toda la cancha,  para no caer en retóricas facilistas e infundadas. 


Ricardo Geraci 

(*) Fermin Chávez / La Cultura en la Época de Rosas. La descolonización mental.
Ediciones Theoria
pag 77
Un regalo desde Córdoba de mi amiga e historiadora Rosalia Taborda. 

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