LA LLANURA YERMA ....

LA LLANURA YERMA ..... 

Un don Juan Manuel adolescente esperaba más que nadie las "escapadas" a Rincón de López y por sobre todo, el mes de diciembre donde él y los suyos (don León, doña Agustina, hermanos, indios serviles y amigos, servidumbre de lazos estrechos) iban a pasar la temporada de verano a los extremos límites del sur bonaerense en la linea de frontera con la indiada. 
Allí en la boca del Salado, Juan Manuel de Rosas se liberaba de los muros de la ciudad, que a un hombre como él, de naturaleza pragmática, sentía que lo limitaba. Su lugar era la pampa, como la llama Ibarguren "la llanura yerma". Un espacio monumentalmente majestuoso, dueña de un horizonte infinito, aridez absoluta y una necesidad de conocimiento, en espacios donde pocos sabían sobrevivir.  
Su apego a esa tierra y sus habitantes lo hizo totalmente diferente a los hombres de su tiempo, que compartían con él, el espíritu de abolengo de las familias criollas y tradicionales del Río de la Plata. 
Conservador, popular, realista y práctico. Su tiempo lo demandaba. Sus pocos recursos en relación al terreno y los hombres, lo hicieron ávido para la administración prolija y austera. Su escrupuloso andar igualando a capataces, patrones o peones bajo la misma ley a cumplir, le dieron la fama .... en esa llanura yerma. 

A continuación, un pasaje de la obra de Carlos Ibarguren sobre ese momento histórico al que hago particular referencia; la de un Rosas y familia en sus "vacaciones" al Salado. 
Un pasaje que no tiene desperdicio, por su exquisita narrativa en función del espíritu del académico para interpretar a Rosas, que tanto contrasta con la obra de Gálvez, por ser de distintas naturalezas, en la interpretación que ambos hacen sobre la misma figura. 

"Al clarear la madrugada salía de la ciudad la galera con sopandas, manejada por el mulato Pancho y cargada hasta el tope con don León, doña Agustina y su prole. Detrás, en carretones de grandes ruedas reforzadas con lonjas de cuero, iban las negras esclavas y las petacas con el equipaje; por último, los postillones a caballo, indios y mestizos, armados como guardia defensiva, arreaban las tropillas de repuesto para el largo viaje.
Gritos guturales, latigazos e interjecciones para azuzar las yuntas, chirridos de ruedas, tintineos de cencerros de yeguas madrinas, mujidos de vacas. ariscas, áspero chillar de teros, graznar de chajás y relinchar de baguales. La llanura yerma se dilataba infinita bajo el sol, sin reparo ni sombra alguna, a trechos húmeda y verde, a trechos polvorosa y parda, mientras el convoy avanzaba despacio por entre un mar de pastos, de cardizales, de pajonales, o se encajaba en el fango de los pantanos y de las lagunas. Olor
de pampa: de trébol y de estiércol, traía el soplo fresco del viento, que, libre como la manadas de potros, corría rizando las hierbas" 

Ricardo Geraci 

Fuente consultada: Carlos Ibarguren
Rosas, su vida, su drama, su tiempo.
Ediciones Theoria pag 18 Capítulo II / Las Primeras Armas 

Imágenes: dos imágenes de la página Juan Manuel de Rosas Avellaneda en movimiento.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

PEDRO ANDRÉS GARCÍA / ¿ESPAÑOL O CRIOLLO?

LA CASONA DE LOS OLIVERA

JUAN MANUEL DE ROSAS -LA PELÍCULA 1972-