EL HONOR DE LAS ARMAS
"EL HONOR DE LAS ARMAS"
Martiniano Chilavert: El Corazón de la Patria
En el contexto de la Guerra Grande y hacia el final de la misma, el destino de la Confederación Argentina liderada desde el manejo de las Relaciones Exteriores por parte del gobernador de Buenos Aires, J.M de Rosas, parece empezar a sellarse en un desenlace desfavorable a causa de los errores militares del jefe oriental y federal Manuel Oribe.
El jefe del "Sitio Grande o de Montevideo" tenía superioridad en infantería con su ejército de Vanguardia frente a las tropas de Urquiza. El "castellano" que hacia 1851 ya era abiertamente declarado enemigo de Rosas con sus diferentes pronunciamientos, le ofrece a Oribe la capitulación de Entre Ríos y un armisticio que le permitiría al jefe oriental, mover todo su poderoso ejército y engrosar en Buenos Aires la defensa con las milicias reunidas en Santos Lugares y contener una posible invasión brasilera. Pedro Ramos quien era el encargado de llevar y traer noticias desde la Banda Oriental a la Comandancia de los Santos Lugares y viceversa, le informa a Rosas el pacto entre Oribe y Urquiza, que lo hace estallar y ordena por escrito a Oribe atacar de inmediato al entrerriano ocupando Entre Ríos. Oribe tenía el plan que luego Chilavert le propone a Rosas; atacar primero el territorio brasilero (en agosto Rosas ya le había declarado la Guerra al Imperio del Brasil, después de pedirle a Bernardo de Irigoyen que revise las condiciones legales que surgían de los ataque sobre el Paraná de los imperiales), pero ello es imposible, ya que el 4 de septiembre las tropas de Caxias invaden la banda oriental y exponen a Oribe a un desastre militar determinante. Oribe da cuenta de la acción de Urquiza en pedir el armisticio. Así como Servando Sánchez (antiguo jefe oriental oribista) lo había traicionado, el entrerriano, desde su pronunciación era el último hombre en quien confiar. Don Martiniano le escribe al Restaurador el 11 de septiembre.
Martiniano Chilavert, un hombre que no tenía amistad alguna con Rosas, que inclusive desde el bando unitario lo había combatido, como héroe militar de las Guerras de Independencia, como patriota de corazón y como el corazón de la patria, ante la amenaza de los cariocas de someter a su juicio nuestra soberanía, dio literalmente su vida por la patria. Con orgullo, valor y arrojado apasionadamente hacia una muerte indigna, su rostro nunca ocultó el desprecio hacia los traidores. Don Martiniano es el mejor ejemplo del desinterés de los Santos Patrios. La Causa madre, siempre fue y será la defensa de la patria; de propios y ajenos. Martiniano asi lo entendió y lo vivió hasta que la muerte vil, ejecutada por una mano inescrupulosa, lo abrazó para siempre. Igual es ello una falacia: Martiniano vive!
La carta, es una especie de parte de guerra en las posibilidades que la Confederación tenía sobre el Brasil, reconociendo lo osado de la empresa. Una genialidad de Chilavert que nunca se pudo concretar por la invasión imperial. No es todo culpa de Oribe, las comunicaciones tardías en tiempos donde las decisiones mal tomadas eran irremediables, volcaron una victoria segura, en una derrota inesperada, pero entendible en un contexto donde Rosas y el agotamiento producido por el desgaste lógico de veinte años gobernando en esas condiciones, lo fueron arrojando hacia su exilio y merecido descanso. (+)____
" «Excmo. Señor:
>>Se dice que infames defecciones han puesto a nuestro ejército en el Estado Oriental en una situación crítica. Todo ejército, Excmo. Señor, tiene una cosa sagrada que salvar: esta cosa es el honor de las armas (subr.). Ningún sacrificio debe omitirse para llenar este santo deber. A efecto de lograr este inapreciable bien me tomo la libertad de elevar al Superior conocimiento de V. E. mis ideas
sobre la actual lucha en aquella República.
>>Aun cuando todos los orientales se defeccionen, el Sr. Presidente Oribe debe contar siempre con una masa de 5 a 6 mil hombres del ejército argentino, treinta o cuarenta piezas de artillería, municiones, etc. Si él no quiere dar una batalla campal por la superioridad de las fuerzas enemigas, puede ejecutar una operación brillante digna de la causa que sostiene y del ejército que manda. Debe invadir al Brasil por las fronteras de Santa Teresa y amenazar la misma ciudad de Río Grande. Nada se opone a esto. La fortaleza de Santa Teresa domina el estrecho formado por el mar y unas grandes lagunas impracticables.
Bien pertrechado ese fuerte. ningún ejército puede forzar el estrecho sin
exponerse a una ruina total.
»Dueño de él, el Sr. Presidente Oribe puede lanzar una fuerza sobre los
campos neutrales, la parte más rica del Río Grande: territorio feraz donde hay más de 50 mil caballos y un millón de cabezas de ganado.
»Estas fuerzas pueden amenazar la capital de Río Grande. Por los diarios de Montevideo he visto que todas las fuerzas brasileras se hallan sobre la frontera del río Cuareim: desde ese punto tardarían dos meses para llegar a San Gonzalo y venir en protección de su capital. Si le conviniera al Sr. General Oribe darles una batalla, la daba, o salía en busca del loco, traidor Urquiza. Si no lo atacan,
puede estar todo el tiempo necesario hasta que V. E. pueda mandar un ejército en su auxilio.
>>Conozco. Excmo. Señor, aquel terreno palmo a palmo. Lo he recorrido por espacio de un año en estudio: es la parte más vulnerable de la provincia de Río Grande. Un punto por donde podría ser atacado es por la Cañada Grande; pero
esto no es camino, es intransitable para un ejército que marche con artillería y demás material. Posesionándose del fuerte San Miguel, que dista seis leguas
del de Santa Teresa, observa aquella entrada. Y si los enemigos cometieran la imprudencia de atacarlo por los dos puntos a la vez, él tendría la ventaja de cargar al cuerpo que le prestara más ventaja con toda la masa de sus fuerzas.
Los dos cuerpos enemigos quedarían divididos por bañados intransitables. Imposible, no digo de socorrerse, ni aun de mantener comunicación. »Esta es una empresa atrevida, digna de un ejército federal argentino.
Bastaría ella para inmortalizar al general que tuviese la gloria de mandarlo. Se necesita arrojo y el espíritu sublime que inspira el amor a la gloria. >>Por lo demás, Excmo. Señor, la reputo sencilla y fácil en las circunstancias. Si V. E. me concediese el honor de oírme, yo le suministraría todos los datos y
detalles necesarios para que formase de ella un juicio exacto. Estoy seguro de que se convencerá V. E. de la verdad de cuanto he tenido el honor de exponer. "
Martiniano Chilabert (*)
Ricardo Geraci
Fuentes consultadas: José María Rosa / Historia Argentina tomo V
La Caída de Rosas/ José María Rosa
Revisionistas.net / Manuel Oribe
(*) Así firmó el coronel
(+) Más allá de la pobreza sufrida en su exilio inglés, debido a las injustas confiscaciones a sus propiedades y capitales, Rosas pudo llegar aún en condiciones económicas penosas, a los 84 años de edad, viviendo 25 años en el exilio. El desgastante trabajo que implicó en un carácter personalista de su estilo, al frente de una guerra civil tumultuosa y sangrienta, lo llevaron a necesitar del descanso y buscar progresar hacia una senectud tranquila; repito, más allá de su situación económica.
Martiniano Chilavert: El Corazón de la Patria
En el contexto de la Guerra Grande y hacia el final de la misma, el destino de la Confederación Argentina liderada desde el manejo de las Relaciones Exteriores por parte del gobernador de Buenos Aires, J.M de Rosas, parece empezar a sellarse en un desenlace desfavorable a causa de los errores militares del jefe oriental y federal Manuel Oribe.
El jefe del "Sitio Grande o de Montevideo" tenía superioridad en infantería con su ejército de Vanguardia frente a las tropas de Urquiza. El "castellano" que hacia 1851 ya era abiertamente declarado enemigo de Rosas con sus diferentes pronunciamientos, le ofrece a Oribe la capitulación de Entre Ríos y un armisticio que le permitiría al jefe oriental, mover todo su poderoso ejército y engrosar en Buenos Aires la defensa con las milicias reunidas en Santos Lugares y contener una posible invasión brasilera. Pedro Ramos quien era el encargado de llevar y traer noticias desde la Banda Oriental a la Comandancia de los Santos Lugares y viceversa, le informa a Rosas el pacto entre Oribe y Urquiza, que lo hace estallar y ordena por escrito a Oribe atacar de inmediato al entrerriano ocupando Entre Ríos. Oribe tenía el plan que luego Chilavert le propone a Rosas; atacar primero el territorio brasilero (en agosto Rosas ya le había declarado la Guerra al Imperio del Brasil, después de pedirle a Bernardo de Irigoyen que revise las condiciones legales que surgían de los ataque sobre el Paraná de los imperiales), pero ello es imposible, ya que el 4 de septiembre las tropas de Caxias invaden la banda oriental y exponen a Oribe a un desastre militar determinante. Oribe da cuenta de la acción de Urquiza en pedir el armisticio. Así como Servando Sánchez (antiguo jefe oriental oribista) lo había traicionado, el entrerriano, desde su pronunciación era el último hombre en quien confiar. Don Martiniano le escribe al Restaurador el 11 de septiembre.
Martiniano Chilavert, un hombre que no tenía amistad alguna con Rosas, que inclusive desde el bando unitario lo había combatido, como héroe militar de las Guerras de Independencia, como patriota de corazón y como el corazón de la patria, ante la amenaza de los cariocas de someter a su juicio nuestra soberanía, dio literalmente su vida por la patria. Con orgullo, valor y arrojado apasionadamente hacia una muerte indigna, su rostro nunca ocultó el desprecio hacia los traidores. Don Martiniano es el mejor ejemplo del desinterés de los Santos Patrios. La Causa madre, siempre fue y será la defensa de la patria; de propios y ajenos. Martiniano asi lo entendió y lo vivió hasta que la muerte vil, ejecutada por una mano inescrupulosa, lo abrazó para siempre. Igual es ello una falacia: Martiniano vive!
La carta, es una especie de parte de guerra en las posibilidades que la Confederación tenía sobre el Brasil, reconociendo lo osado de la empresa. Una genialidad de Chilavert que nunca se pudo concretar por la invasión imperial. No es todo culpa de Oribe, las comunicaciones tardías en tiempos donde las decisiones mal tomadas eran irremediables, volcaron una victoria segura, en una derrota inesperada, pero entendible en un contexto donde Rosas y el agotamiento producido por el desgaste lógico de veinte años gobernando en esas condiciones, lo fueron arrojando hacia su exilio y merecido descanso. (+)____
" «Excmo. Señor:
>>Se dice que infames defecciones han puesto a nuestro ejército en el Estado Oriental en una situación crítica. Todo ejército, Excmo. Señor, tiene una cosa sagrada que salvar: esta cosa es el honor de las armas (subr.). Ningún sacrificio debe omitirse para llenar este santo deber. A efecto de lograr este inapreciable bien me tomo la libertad de elevar al Superior conocimiento de V. E. mis ideas
sobre la actual lucha en aquella República.
>>Aun cuando todos los orientales se defeccionen, el Sr. Presidente Oribe debe contar siempre con una masa de 5 a 6 mil hombres del ejército argentino, treinta o cuarenta piezas de artillería, municiones, etc. Si él no quiere dar una batalla campal por la superioridad de las fuerzas enemigas, puede ejecutar una operación brillante digna de la causa que sostiene y del ejército que manda. Debe invadir al Brasil por las fronteras de Santa Teresa y amenazar la misma ciudad de Río Grande. Nada se opone a esto. La fortaleza de Santa Teresa domina el estrecho formado por el mar y unas grandes lagunas impracticables.
Bien pertrechado ese fuerte. ningún ejército puede forzar el estrecho sin
exponerse a una ruina total.
»Dueño de él, el Sr. Presidente Oribe puede lanzar una fuerza sobre los
campos neutrales, la parte más rica del Río Grande: territorio feraz donde hay más de 50 mil caballos y un millón de cabezas de ganado.
»Estas fuerzas pueden amenazar la capital de Río Grande. Por los diarios de Montevideo he visto que todas las fuerzas brasileras se hallan sobre la frontera del río Cuareim: desde ese punto tardarían dos meses para llegar a San Gonzalo y venir en protección de su capital. Si le conviniera al Sr. General Oribe darles una batalla, la daba, o salía en busca del loco, traidor Urquiza. Si no lo atacan,
puede estar todo el tiempo necesario hasta que V. E. pueda mandar un ejército en su auxilio.
>>Conozco. Excmo. Señor, aquel terreno palmo a palmo. Lo he recorrido por espacio de un año en estudio: es la parte más vulnerable de la provincia de Río Grande. Un punto por donde podría ser atacado es por la Cañada Grande; pero
esto no es camino, es intransitable para un ejército que marche con artillería y demás material. Posesionándose del fuerte San Miguel, que dista seis leguas
del de Santa Teresa, observa aquella entrada. Y si los enemigos cometieran la imprudencia de atacarlo por los dos puntos a la vez, él tendría la ventaja de cargar al cuerpo que le prestara más ventaja con toda la masa de sus fuerzas.
Los dos cuerpos enemigos quedarían divididos por bañados intransitables. Imposible, no digo de socorrerse, ni aun de mantener comunicación. »Esta es una empresa atrevida, digna de un ejército federal argentino.
Bastaría ella para inmortalizar al general que tuviese la gloria de mandarlo. Se necesita arrojo y el espíritu sublime que inspira el amor a la gloria. >>Por lo demás, Excmo. Señor, la reputo sencilla y fácil en las circunstancias. Si V. E. me concediese el honor de oírme, yo le suministraría todos los datos y
detalles necesarios para que formase de ella un juicio exacto. Estoy seguro de que se convencerá V. E. de la verdad de cuanto he tenido el honor de exponer. "
Martiniano Chilabert (*)
Ricardo Geraci
Fuentes consultadas: José María Rosa / Historia Argentina tomo V
La Caída de Rosas/ José María Rosa
Revisionistas.net / Manuel Oribe
(*) Así firmó el coronel
(+) Más allá de la pobreza sufrida en su exilio inglés, debido a las injustas confiscaciones a sus propiedades y capitales, Rosas pudo llegar aún en condiciones económicas penosas, a los 84 años de edad, viviendo 25 años en el exilio. El desgastante trabajo que implicó en un carácter personalista de su estilo, al frente de una guerra civil tumultuosa y sangrienta, lo llevaron a necesitar del descanso y buscar progresar hacia una senectud tranquila; repito, más allá de su situación económica.
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